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Paz interior en tiempos difíciles

Paz interior en tiempos difíciles

El hecho de que el mundo esté cambiando puede ayudarnos a ver con mayor claridad lo que la meditación tiene para ofrecer.

Los tiempos cambian

Es fácil caer en la miopía respecto a nuestra época. Sin embargo, algunos podrían tener razón al afirmar que vivimos un periodo de transición. Las décadas de la posguerra trajeron consigo muchas preocupaciones: la Guerra Fría, la amenaza nuclear, Vietnam, Afganistán, entre otras. Aun así, en Occidente, y particularmente en el norte de Europa, la vida se caracterizaba por una inusual calma y estabilidad. Si algo salía mal en la vida personal, se podía encontrar cierto consuelo simplemente mirando hacia afuera, a un mundo que parecía relativamente seguro, gobernado por líderes con los que se podía discrepar, pero en quienes se podía confiar más o menos.

Esa imagen ha cambiado. Hoy en día, ya no se puede contar con encontrar la paz «ahí fuera». Cada vez más, nos vemos obligados a buscarla dentro de nosotros mismos, en nuestro entorno inmediato, en nuestra familia o en nuestros propios recursos internos.

Todo tiene un precio

La meditación ofrece relajación y alivio del estrés. Pero, especialmente en tiempos de incertidumbre, su valor va mucho más allá.

En un mundo que se siente más agresivo e impredecible, la Meditación Acem ofrece una forma de acceder a los recursos internos. Sin embargo, todo tiene su precio. Si bien la meditación suele ser placentera, también puede traer consigo periodos de inquietud, resistencia, aburrimiento, ansiedad o malestar físico. Para alcanzar los beneficios más profundos de la meditación, es necesario estar dispuesto a afrontar lo que resulta menos agradable en el momento. En una cultura que pone tanto énfasis en "sentirse bien", esto no es algo que debamos dar por sentado.

Consideremos el ejemplo de dos jóvenes de veintitantos años: extrovertidos, activos y dinámicos, con problemas menores como estrés y dificultades para dormir, para los que la meditación suele ser útil. Al principio, meditaban con facilidad y estaban encantados con los resultados. Sin embargo, a las dos semanas dejaron de meditar. Debido a que meditaban tan bien, los efectos más profundos y paradójicos surgieron rápidamente, junto con una inquietud que no querían afrontar. En una época tan centrada en la búsqueda de la felicidad, no veían razón alguna para tolerar el malestar a corto plazo, incluso si este pudiera haber conducido a algo más duradero.

Anclaje existencial

En un mundo desordenado, los beneficios de la meditación van mucho más allá de la relajación y la evasión. Hoy en día, la necesidad no se limita a recuperarse del exceso de trabajo o del estrés personal. Lo que enfrentamos no es solo tensión física, sino una inquietud existencial más profunda. En estos tiempos, las dimensiones existenciales de la meditación se vuelven más esenciales: un silencio vivo, una conexión interior con los aspectos fundamentales de la existencia, un contrapeso al ruido narcisista y egocéntrico de nuestra época.

No se trata de indiferencia ni de aislarse del mundo convulso que nos rodea. Se trata, más bien, de conectar con las dimensiones más profundas de la vida. La relajación es importante, pero la calma y la claridad existenciales son ahora aún más cruciales. Reflexionar sobre las preguntas eternas de la existencia humana puede brindar perspectiva y distancia del ruido y la turbulencia del momento. La meditación abre un espacio donde es pacífico simplemente ser, y donde incluso la contemplación de temas fundamentales —como el memento mori (recuerda que morirás)— puede poner en perspectiva las urgencias del presente.

No estás solo

Uno de los aspectos más aterradores de un mundo dominado por líderes narcisistas es la soledad que engendra. Para el narcisista, no te valoran por quien eres, sino solo por cómo alimentas su ego, autoestima o poder. Los aliados pueden ser descartados de la noche a la mañana, dejando solo los roles de enemigo odiado o seguidor indigno.

Sin embargo, cuando cerramos los ojos para meditar, no estamos solos. La meditación consiste en construir una relación, una conexión interna con recursos que nadie puede arrebatarnos. Los tiempos difíciles evidencian que la meditación regular, y especialmente la prolongada, abre un canal hacia el rico mundo interior del ser humano.

No se trata de forzar el «pensamiento positivo» ni de intentar ignorar lo negativo. El pensamiento positivo, por sí solo, se basa en cimientos frágiles: depende del propio esfuerzo, de la propia fe en la fortaleza personal. Cuando la agitación del mundo supera nuestra capacidad de equilibrio, ese optimismo se derrumba fácilmente. En cambio, la meditación puede abrirnos a algo universal y trascendente, más profundo que nosotros mismos. El silencio interior que alcanzamos es más fuerte que el ruido exterior.

Indestructible

Los recursos a los que accedemos en la meditación, en un sentido más profundo, no son de nuestra propiedad. No podemos conquistarlos ni apropiarnos de ellos. Simplemente son. Lo que sí podemos hacer es conectar con ellos, abrirnos y permitir que crezca nuestra relación con ellos.

Este anclaje interior nos brinda apoyo en tiempos difíciles. Podemos temer lo que los líderes destructivos y su multitud de seguidores digitales puedan destruir, pero las dimensiones fundamentales que alcanzamos en la meditación son indestructibles. Otros pueden perturbar o bloquear nuestro acceso a ellas, pero ningún poder humano puede eliminar lo que simplemente es.

La meditación no es oración, pero merece respeto. Al darle espacio y tratarla como algo esencial, fortalecemos nuestra conexión con ella.