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Perspectivas

Espacio interior

En los momentos de ocio fuera de la meditación, cuando los pensamientos fluyen libremente, la mente se mueve entre impresiones, pensamientos, residuos y preparativos; oscila entre diversos tipos y grados de necesidades y tensiones.

Actualización

El estrés cotidiano

En los momentos de ocio fuera de la meditación, cuando los pensamientos fluyen libremente, la mente se mueve entre impresiones, pensamientos, residuos y preparativos; oscila entre diversos tipos y grados de necesidades y tensiones. Durante los periodos de mayor estrés quizá ocultamos parte del flujo de pensamientos espontáneos.

El estilo de vida contemporáneo, con mucha actividad externa y con grandes expectativas, ofrece pocas ocasiones para digerir con tranquilidad las impresiones, reflexionar y manejar el estrés acumulado por los retos de la vida laboral y privada. La gente, más que nunca, necesita formas de procesar el estrés para mantener su energía y bienestar en la vida diaria, sus relaciones y su capacidad de llevar a cabo las cosas y, además, para evitar el deterioro de su salud y las posibles molestias relacionadas con el estrés y el agotamiento. Por todo ello la meditación tiene mayor relevancia en la sociedad actual.

Manejar el estrés

La Meditación Acem nos hace más capaces de reducir el estrés y el acúmulo de tensiones y, con el tiempo, nos ayuda a cambiar nuestros patrones nocivos de reacción que contribuyen a que nos estresemos innecesariamente.

Poco a poco la meditación regular aumenta nuestra tolerancia al estrés y contribuye a una mayor comprensión de nosotros mismos.

El estrés y las tensiones se manifiestan en diversas formas. Pueden expresarse como molestia física, salud deficiente, limitada tolerancia de los demás, mayor número de reacciones fallidas y olvidos, sensación permanente de cansancio, indiferencia, descontento o miedo. Estamos familiarizados con algunas de nuestras reacciones de estrés; sabemos cómo surgen y cómo manejarlas, quizá otras no sepamos manejarlas igual de bien, apenas las conozcamos, o no las comprendamos en absoluto.

Cuando el estrés se acumula sin límite podemos caer en una nociva espiral que nos impida llevar el día a día de manera satisfactoria. Los procesos fisiológicos relacionados con la relajación durante la meditación, hacen girar la espiral en la dirección contraria, aumentan nuestro procesamiento personal y nuestra habilidad para cuidar de nosotros mismos.

Un término global para fases interconectadas

Los cambios dentro del marco limitado de la personalidad son relativamente poco problemáticos y provocan poca alteración, quizá ninguna. Sin embargo, cuando los cambios en la mente van más allá de nuestro marco establecido, con frecuencia, crean una resistencia, consciente o inconsciente. Algo dentro de nosotros protesta ante el cambio. Tal vez toca nuestras formas habituales de percibir las impresiones y de interpretarlas, de decidir y de actuar, o nuestras maneras automatizadas de relacionarnos con nosotros mismos y con la realidad.

En general decimos que el aprendizaje de la Meditación Acem se hace en dos etapas principales. La primera consiste en aprender la instrucción básica y aplicarla a la ejecución de la meditación en diversas circunstancias.

Este es el “currículum” del curso básico y del periodo que se inicia tras terminarlo. La siguiente etapa representa un mayor desafío, al que generalmente la persona que medita se enfrenta más adelante. Implica aprender a trabajar con las fases de la resistencia a los cambios profundos en la personalidad, y cambiar patrones inconscientes de selección y de reacción e, incluso, las estructuras psicológicas que dirigen nuestras experiencias. Estos cambios se producen en fases específicas. La palabra “actualización”, en el ámbito de la Meditación Acem, representa un concepto general y engloba todos los aspectos de estos procesos de cambio.

La actualización se divide en subfases, en base a sus características, y abarca los efectos paradójicos, la resistencia, los metapensamientos y las percepciones distorsionadas de la ejecución, y las actividades espontáneas, entre otros aspectos. El proceso de actualización también incluye la aparición de nuevas potencialidades. Las fases fluyen solapándose en parte, una fase se superpone parcialmente con otra y no se demarcan claramente subprocesos ni acontecimientos. Los conceptos subrayan sus características centrales, y pueden aparecer en momentos diferentes.

Una persona en periodo de actualización puede moverse adelante y hacia atrás entre las diferentes fases. Por estas razones quizá el término “fase” no sea el mejor modo de distinguir las etapas de los procesos de actualización pero, a falta de algo mejor, utilizaremos esta palabra.

Lo irracional como un reto

Cuando, con la actualización, empiezan a producirse cambios profundos en la personalidad y en el ser, la persona que medita debe enfrentarse, con su manera de ejecutar la meditación, a partes irracionales, inconscientes y escindidas de sí mismo y de su psique. Estos retos no son siempre fáciles, obvios o sencillos. Para algunos este trabajo es fascinante y a otros les resulta incómodo, hasta inquietante. Todos los cambios ocurren lentamente y de forma gradual, toman tiempo y no es posible acelerarlos mediante el uso de la fuerza o la presión. Únicamente conceden mayor celeridad a los procesos de actualización las meditaciones largas combinadas con la orientación de proceso. Por otro lado, los procesos de actualización se frenan con facilidad o se detienen del todo cuando el meditador entra en un callejón sin salida, medita erróneamente o cuestiones de esa índole. Todo depende de la calidad de su ejecución, su motivación, regularidad, actitud y voluntad de trabajar con los retos.

Cada uno debe, en soledad y en profundidad, encontrar su camino a través de las fases de actualización. Los demás pueden darle consejos y apoyo externo, pero nadie puede hacer el procesamiento de la actualización para otra persona. Existencialmente estamos solos en este trabajo. Cada uno lo hace dentro de sí mismo, con los ojos cerrados, en silencio, a través de ajustes en la ejecución, de matices pequeños si bien importantes y esenciales. La información general no prepara al meditador para tales procesos aunque algo de la información le resulte útil.

Cuando se ha pasado satisfactoriamente una actualización, el resultado es enriquecedor e importante a nivel existencial, además, se gana mayor comprensión de cómo manejar los desafíos meditativos más profundos, y resultará más fácil enfrentar nuevas actualizaciones en el futuro.

No hay modo de mostrar, sin ambigüedad, el orden de los acontecimientos en el cambio que se desarrolla en los procesos meditativos con la actualización, pero el modelo siguiente ilustra algunos aspectos centrales: meditaciones menos “buenas”  resistencia y metapensamientos  procesamiento más profundo En la actualización los patrones de reacción que tenemos establecidos chocan con algo nuevo que intenta surgir.

Si seguimos meditando diariamente, con el tiempo las estructuras de las tensiones actualizadas irán reduciendo poco a poco la intensidad de la resistencia. El procesamiento se hará gradualmente más ligero, y puede tardar meses o años en completarse ya que los cambios se llevan a cabo en pequeños pasos. De vez en cuando hay largos intervalos donde parece que no ocurre nada aunque, en realidad, se está produciendo una consolidación. En la vida diaria es difícil darse cuenta y tener una visión general de los procesos de actualización, que pueden hacerse mucho más evidentes en las meditaciones largas de los cursos intensivos.

Efectos paradójicos

En el inicio de una actualización la meditación se nota, a ratos, como menos satisfactoria. Sentimos que no nos relajamos, que tenemos demasiados pensamientos, mucha inquietud física o alguna emoción incómoda. El motivo es que al reducirse las tensiones progresivamente con la meditación, se inicia el procesamiento de estructuras de tensiones aun más profundas. Accedemos a temas que han estado allí desde siempre pero que ni conocíamos ni sentíamos. Podemos notar entonces, de forma transitoria, más agitación, incomodidad, inquietud, melancolía o una mayor necesidad de dormir. Son los llamados efectos paradójicos, que se presentan en la forma de efectos opuestos a lo que esperamos. Durante un periodo de mayor o menor duración, los efectos normales quedan ensombrecidos por los “resultados” paradójicos. Con frecuencia, los efectos paradójicos marcan el comienzo de algunos procesos de actualización y de cambios en la meditación. Se trata de temas que no teníamos la posibilidad de procesar con anterioridad y, por tanto, que no observamos a nivel consciente aunque, ocultos, consumieran nuestra energía.

Superar la resistencia en la meditación puede hacerte más fuerte y mejor preparado para manejar los desafíos de la vida diaria. La resistencia es, a menudo, el inicio de avances importantes.

A pesar de que entonces experimentemos que la meditación nos proporciona menos relajación y tranquilidad, esto no suele ser cierto. Los efectos paradójicos nos “engañan” de alguna manera. En realidad, hay indicios de que profundizamos más aunque la experiencia inmediata no lo refleje. En el contexto de la actualización, no se puede confiar enteramente en la propia experiencia. La mente distorsiona, tanto los aspectos internos como los aspectos externos que estén relacionados. Para atravesar una actualización debemos dejarnos dirigir menos por las experiencias del momento y más por los principios básicos y el proceso a largo plazo. En raras ocasiones la incomodidad surgida se extiende a la vida diaria e influye sobre el estado de ánimo y el nivel de energía. Cuando así ocurre suele ser porque empiezan a movilizarse cargas psicológicas importantes en la persona que medita.

Un fenómeno relacionado, que la mayoría de meditadores experimenta ocasionalmente, sucede cuando las meditaciones contienen muchos pensamientos, incomodidad física o inquietud. En el curso de la meditación tal vez sintamos que es un tiempo desperdiciado, pero después descubriremos que la meditación nos ha aportado más energía, descanso y renovación.

La mejor forma de pasar las fases con efectos paradójicos consiste en seguir meditando con regularidad, mantener la actitud mental libre en la medida de lo posible, asistir a alguna orientación de la meditación y a meditaciones largas con las que aprenderemos a manejarnos mejor y comprender lo que sucede. Las meditaciones largas suelen ayudarnos en estas fases: nos llevan más rápido hacia delante. Los cursos intensivos ofrecen óptimas oportunidades para el trabajo de atravesar las fases de actualización.

Resistencia

El concepto de “resistencia”, como lo utilizamos aquí, implica mucho más que la simple desgana para meditar.

En algunos casos, la falta de disposición para la meditación no se experimenta de forma directa, y es un aspecto de la resistencia que a menudo no se entiende bien, tampoco sus razones, ni su contenido. La resistencia se expresa de maneras muy distintas. Quizá lo olvidamos completamente o no tenemos ganas de meditar, y esto puede durar un tiempo, con una intensidad variable. La resistencia influye de forma imperceptible en cómo llevamos a cabo la meditación ocasionando desviaciones en su ejecución, por eso es útil, en esos momentos, la orientación de meditación.

Algunas personas, durante los periodos de resistencia dejan de meditar, otras meditan con menos regularidad, y otras empiezan a meditar erróneamente. Estas últimas, cambian su forma de meditar en maneras que implican alguna desviación, incorporando sobre todo cierto grado de concentración. Las desviaciones en la ejecución hacen que los efectos de la meditación disminuyan, las meditaciones dejan de representar un desafío del mismo calibre para las estructuras actualizadas. Se obtiene una especie de “paz” y, por eso, desviarse en la ejecución se puede experimentar como una “buena solución”, al menos al principio. El precio es que los procesos de cambio en la personalidad, en el ser y en la habilidad de reconciliación, se frenan o se detienen. Al meditador no le parece costoso perder oportunidades que nunca ha conocido.

Cuando se deja completamente de meditar, se cancelan los cambios que eran impulsados por una elevada presión de actualización. Dicho de manera simple: la resistencia tiene el propósito de impedir el cambio y el desarrollo.

La resistencia se manifiesta con mayor intensidad cuando estamos meditando. Aunque en ocasiones se manifiesta fuera de la meditación normalmente se expresa en cómo se ejecuta la técnica, los hábitos de meditación, las actividades espontáneas o en la relación del meditador con la meditación, con la orientación, o con la organización, etc. Durante la ejecución de la meditación, la resistencia puede manifestarse al principio, a lo largo de la meditación o en la relación con algunos tipos de actividades espontáneas.

Cuando observamos resistencia para sentarnos a meditar o durante los primeros minutos tras comenzar debemos repetir el sonido con tanta actitud mental libre como nos sea posible hacerlo. La resistencia para empezar a meditar suele ceder cuando llevamos un rato meditando.

Otras veces, empezamos fácilmente pero la meditación se va llenando gradualmente de intranquilidad, inquietud y estrés, y experimentamos de algún modo que no nos recupera. El deseo de cortar la meditación puede ser notorio, sin embargo, especialmente en estos periodos, debemos meditar todo el tiempo previsto. Si no lo conseguimos, es mejor meditar menos tiempo, levantarnos y estirarnos, y luego seguir meditando, en lugar de dejar de meditar completamente.

En algunas ocasiones la resistencia inicia tendencias proyectivas. Sin llegar a ser consciente de ello, la persona que medita atribuye sus problemas de actualización a factores del entorno. Estas percepciones pueden tener bastante fuerza y son siempre negativas. Muchos aspectos relacionados con la meditación son percibidos como negativos, con una actitud injustificadamente crítica dirigida hacia el método, sus resultados y la enseñanza “¿De qué me sirve meditar?”, “¿Para qué necesitamos el sonido de meditación?”, “¿Podemos confiar en las promesas de los resultados?” También se puede ser crítico hacia otros meditadores, los instructores, la organización, etc. Las tendencias proyectivas se pueden expresar de otras maneras.

Las cosas triviales pueden parecer importantes como, por ejemplo, un débil ruido del sistema de ventilación puede irritar muchísimo, o la persona puede quedar atrapada en algo que se ha dicho o hecho. En general, las reacciones proyectivas suelen ser bastante desproporcionadas.

Cuando se experimenta resistencia a meditar no siempre se debe a la actualización. Hay también razones triviales, superficiales o limitadoras, como acontecimientos estresantes de la vida, el uso de medicamentos, alcohol, drogas o algo que hemos comido o bebido. A veces, cargas físicas importantes despiertan resistencia hacia la meditación. Estos tipos de resistencia son transitorios, y suelen desaparecer poco después, quizá tras uno, dos o tres días, y difieren de la resistencia relacionada con el proceso, que suele mantenerse, con intensidad variable, durante un periodo de tiempo más prolongado.

El desarrollo personal no es un proceso lineal. Contiene elementos de resistencia hacia el cambio y representa un modo de enfrentarnos a nuestra forma de vida establecida y a nuestras cualidades irracionales. La meditación regular, la orientación y una perspectiva de proceso a largo plazo ayudan al meditador a mantener la práctica y a procesar aspectos actualizados de su personalidad, a pesar de aguantar meditaciones incómodas, de vez en cuando o continuamente durante un tiempo. Atravesar satisfactoriamente una actualización nos aporta más adelante tranquilidad y fuerza profundas, hasta que comience la siguiente actualización. De esa manera, en los retos de la meditación se alternan fases más largas, tranquilas y sin problemas, con periodos más cortos de resistencia e incomodidad.

Metapensamientos y ejecución distorsionada

Por tanto, la resistencia se manifiesta de varias formas, tales como efectos paradójicos, ejecución errónea, irregularidad, o una combinación de todas ellas. Parte de lo que se está trabajando en la actualización se relaciona con las fuerzas que gobiernan la experiencia en la mente y que se basan en tendencias asociativas fortalecidas. Lo que denominamos metapensamientos son una forma especial de manifestación de estos temas, que se relacionan estrechamente con nuestra psicología del ser y con nuestros valores. Los metapensamientos corresponden a un tipo especial de actualización, la de la psicología del ser, y se tratan en un capítulo aparte en la página147.

Procesos inconscientes

Mucha gente piensa que el inconsciente tiene un papel escaso o nulo en su vida, quizá por eso les importa poco.

La experiencia con la Meditación Acem demuestra que el inconsciente es un compañero que influye continuamente en nuestras experiencias, decisiones y actuaciones.

El inconsciente también afecta de varias maneras a los retos que afrontamos en la ejecución de la meditación. La reducción de las tensiones en las estructuras psicológicas inconscientes crea la base para una mayor relajación y energía, y para el crecimiento personal. Los cambios inciden no solo en la meditación, sino también gradualmente en nuestra vida, tanto en el día a día como a nivel más profundo.

Distintas teorías describen el inconsciente: Freud, Jung, la neurociencia moderna, etc., dando diferentes explicaciones de lo que se mueve en sus profundidades y de cómo nos influye. Algunas teorías psicológicas llegan a tal punto que ignoran el inconsciente como algo relevante.

Ninguna de ellas incorpora las experiencias, los procesos y las perspectivas que tienen significado para la Meditación Acem completamente, aunque todas contribuyen en algún aspecto importante. Acem no pretende presentar una comprensión alternativa del inconsciente pero utiliza sus propias experiencias y también las investigaciones relevantes y la teoría psicológica desde una actitud ecléctica, para comprender mejor la Meditación Acem y sus procesos.

El cerebro mantiene en todo momento actividades de las que no somos conscientes pero que influyen en cómo nos sentimos y cómo pensamos y actuamos. Algunas de estas actividades son mecanismos innatos, y otras son patrones de reacción formados a partir de experiencias que de forma circunstancial se combinan con esos mecanismos innatos. Algunos temas inconscientes pueden estar reprimidos mientras que otros nunca se han activado porque hasta ahora nada los ha hecho necesarios.

Muchas terapias diferentes conceden una gran importancia a los cambios. Algunas procesan los temas mediante los recuerdos en sí mismos y la revisión de cómo se manejaron; otras formas de terapia dan más importancia a cómo pensamos y explicamos nuestra vida. En la Meditación Acem trabajar con las memorias, recordar cosas, no es esencial para obtener cambios. La clave del cambio está en cómo manejamos el proceso a través de la ejecución de la meditación. En algunos casos, los patrones cambian directamente gracias a la interacción entre esa ejecución, con actitud mental libre, y las actividades espontáneas. Gradualmente, con el tiempo, cambia la base de los impulsos del meditador y de sus patrones de actuación, reacción y percepción, asociados. Cambia la base de cómo se experimentan espontáneamente las situaciones, cómo se interpretan y cómo se actúa.

Por tanto, con la Meditación Acem los cambios suceden del interior hacia el exterior, mientras que en la mayoría de los demás métodos se inicia el trabajo intentando crear cambios desde el exterior hacia el interior. Al empezar desde fuera, deben usar la voluntad, tener una meta conocida por la que esforzarse y determinados temas o problemas que quieren cambiar. No es así en la Meditación Acem.

En la Meditación Acem no predeterminamos qué cosas cambiaremos, más bien, meditamos, y el viaje prosigue.

Los cambios vienen del interior, y no sabemos qué dirección va a tomar el camino. Esto se basa en la experiencia de una visión del ser humano que implica la presencia de un núcleo existencial, una esencia, que a lo largo de la vida debemos ir descubriendo y dando forma, para encontrar paz interior y satisfacción. Si no desarrollamos esas partes de nuestras cualidades esenciales, a largo plazo seremos seres humanos no liberados e insatisfechos.

Anclaje interior

Gradualmente se traslada a la vida

Practicar Meditación Acem con regularidad contribuye, a la larga, a cambios moderados y liberadores en cómo experimentamos, sentimos y pensamos. Los cambios empiezan en la meditación y gradualmente se expresan en nuestra forma de experimentar y actuar, en nuestras preferencias y en cómo se mueve nuestro cuerpo. Esos cambios ocurren poco a poco y nos llevan bastante más lejos que las técnicas de “sentirse bien”.

Durante la meditación, el contenido de las actividades espontáneas, a menudo, parece incoherente y accidental pero hay patrones emocionales y cognitivos dentro de la confusión. Los pensamientos, emociones e imágenes, desarrollan, con el tiempo, fragmentos que a su vez gradualmente conforman temas más nítidos de carácter fundamental. Cuando se sigue meditando con regularidad pueden aflorar a la superficie emociones anteriormente desconocidas, como ansiedad, depresión, ira no resuelta, dolor o inquietud. En ocasiones, el meditador pierde el valor por el camino, se vuelve crítico hacia su propia meditación o hacia cómo la ejecuta, puede llegar a concluir que la meditación no sirve, que no consigue una ejecución correcta, o que meditar no es para él. Las estructuras psicológicas que están fijadas, y que son desafiadas durante la meditación, tal vez incluyan desafortunados valores internos que no se liberan fácilmente y que contrarrestan los cambios. Son parte de la resistencia al cambio.

Sin embargo, si trabajamos a través de la actualización, gradualmente se producirán cambios liberadores fundamentales, al principio durante la meditación y más tarde en la vida. Se crea un nuevo equilibrio entre la actividad voluntaria y las actividades espontáneas. Los cambios se despliegan en otras áreas de la vida y la hacen mejor y más rica. En general no tendremos pensamientos nuevos o profundos pero cambiaremos, a nivel interno, nuestros patrones de reacción espontáneos que están asociados a la experiencia de nosotros mismos y del mundo, a nuestro modo de actuar y de relacionarnos con las personas que conocemos, con el trabajo y con las oportunidades de la vida.

Mayor sensibilidad introspectiva

En circunstancias normales y adecuadas la ejecución de la Meditación Acem no es mecánica, se trata más bien de una acción interna sensata. Establecer una actitud mental libre en circunstancias interiores cambiantes es un entrenamiento de nuestra capacidad de sentir dónde estamos y qué ocurre. Con la meditación cultivamos una sensibilidad introspectiva que a la larga nos proporciona un mejor contacto con nuestro interior y aumenta nuestro conocimiento de lo que allí se mueve, tanto durante la meditación como fuera de ella. Nos proporciona un mejor anclaje interior y un punto de vista psicológicamente más seguro. Con el tiempo, incrementa lo que llamamos “honestidad existencial”, una apertura que contribuye a tener un mayor autoconocimiento y fuerza interior al enfrentarnos a la vida y al día a día.

Ser empático es de algún modo opuesto a ser egocéntrico. La empatía implica que uno es estable en sí mismo pero, al mismo tiempo, es capaz de sumergirse emocionalmente y cognitivamente en cómo viven los demás. Nos permite ser capaces de ver el mundo con los ojos de los demás sin perder el anclaje personal independiente. Las relaciones interpersonales satisfactorias se basan en gran medida en la empatía. Ser un buen padre o una buena madre, un buen amigo o una buena pareja, buen colaborador o buen líder, presuponen cierta habilidad empática.

Cambiar las estructuras más profundas de la personalidad presupone cierta introspección – una especie de empatía dirigida hacia uno mismo.

¿Cómo se desarrolla la empatía? El factor más importante parece ser la calidad de la relación temprana entre padres e hijos. Si los padres, en los momentos importantes, interpretan el estado y la comunicación del niño pequeño, por ejemplo su llanto, desde sus propias necesidades y no según lo que realmente siente el niño, este no es percibido de forma empática. Un niño pequeño, que todavía no habla, depende de la respuesta intuitiva, empática y sensible, de sus padres hacia sus necesidades.

Cuando la empatía de los padres es limitada, el niño será en parte psicológicamente desatendido, además, tendrá modelos empáticamente débiles con los cuales identificarse, y probablemente desarrollará él mismo una menor habilidad empática. Y, al contrario, los niños habitualmente percibidos con empatía tendrán una mayor capacidad empática hacia los demás.

Pero, incluso las personas que han desarrollado una escasa empatía en la infancia, pueden mejorarla más adelante con la interacción en relaciones cercanas satisfactorias y en los procesos introspectivos. La mayoría de psicólogos y terapeutas comprenden la importancia de la empatía, pero sus métodos para desarrollarla no siempre tienen un alcance muy profundo. Hay formas retóricas de empatía, un tipo de jerga o idioma psicológico, que incluye el uso frecuente de palabras como “emoción” y “comprensión”, pero que no necesariamente refleja una percepción de lo que sienten realmente los demás.

La empatía difiere de la simpatía, aunque a menudo se confunden. Se puede ser, por ejemplo, empático en la interacción con un asesino pero, probablemente, no se sienta simpatía hacia sus actos. O, cuando una persona nos miente, no es empático sentirse engañado o pretender que creemos lo que nos dice; una respuesta empática hacia una mentira puede crear una situación donde el otro ya no necesite mentir, o donde puede admitir su mentira sin sentir demasiada vergüenza y, al mismo tiempo, sentirse, si fuera posible, bien recibido.

Empatía, la introspección dirigida hacia fuera

Hasta ahora, hemos comentado la empatía como una habilidad social pero la empatía también tiene una faceta interior, y es la habilidad de introspección. Se trata del contacto con uno mismo, con una autocomprensión adecuada y diferenciada, y con una honestidad existencial hacia aquello que se mueve, en condiciones cambiantes, dentro de nosotros mismos. La empatía como “habilidad de introspección dirigida hacia fuera” es fácilmente devaluada por la sociedad contemporánea. Mucha gente se ocupa de la empatía exterior, de las frases convencionales y del comportamiento social correcto hacia los demás, en situaciones difíciles. Se resaltan estos aspectos sin enfatizar, al mismo tiempo, el aspecto introspectivo.

Con la Meditación Acem se entrena, en cierta medida, la capacidad introspectiva al ir encontrando una repetición del sonido de meditación con actitud mental libre ante actividades espontáneas cambiantes, en diferentes niveles y en diferentes contextos interiores. Cuando la habilidad introspectiva es demasiado limitada, también se limita la posibilidad de procesar y avanzar en el proceso. Con el tiempo, la persona que medita se entrena en su ejecución en encontrar, gradualmente, relaciones con su interior con más matices, sin desaciertos de diversa índole, como pudieran ser desviar, evitar, eludir o hacer caso omiso de lo que ocurre. Los estudios científicos indican que las personas introspectivas son hábiles en reflexionar y en verse a sí mismas de forma parecida a como las perciben los otros, suelen crear menos conflictos con su entorno y, a menudo, son apreciadas y respetadas por los demás.

de psicología, meditación, cultura y sociedad. El trabajo con la Meditación Acem puede abrir nuevas perspectivas, muchas veces en direcciones distintas a las imágenes de la realidad que prevalecen en el mundo contemporáneo y en los medios de comunicación. El fin de la revista no es necesariamente ganar el debate sino incitar a un diálogo equitativo, una díada, que contribuya a clarificar los puntos de partida personales.

En el trabajo con los procesos inconscientes por medio de la Meditación Acem, la capacidad de percibir e investigar los pensamientos y emociones personales es decisiva. Esta sensibilidad introspectiva se entrena con la Meditación Acem, y es clave para observar, comprender y manejar las señales inconscientes sutiles o las desviaciones inconscientes en el modo de ejecutar la meditación.

Lo que supone un mayor contacto con los impulsos cognitivos y emocionales internos.

Uno de los efectos favorables de la Meditación Acem es que activa nuevas potencialidades internas y, con el apoyo de una mayor sensibilidad introspectiva, facilita que los pensamientos y emociones dispersos y fragmentados se vayan integrando gradualmente en unidades de mayor significado. Esto nos puede llevar a ver más claramente las similitudes entre quiénes somos cuando meditamos, y quiénes somos en la vida fuera de la meditación. Esta misma cualidad también influye en nuestra capacidad de participación social.

Un desarrollo personal realista

Cuando hablamos de temas como el manejo de estrés, el desarrollo personal y el procesamiento más profundo puede parecer que, al final, seremos más o menos perfectos si solo meditamos lo suficiente durante mucho tiempo.

Quizá caigamos en la tentación de creer que nunca más perderemos la compostura, nunca más estaremos estresados o abrumados por los acontecimientos de la vida con solo meditar mucho durante mucho tiempo. Por supuesto, no es así.

En cualquier nivel de procesamiento siempre conservaremos algunas características pobres y mantendremos la posibilidad de sentirnos agobiados aunque manejemos las situaciones algo mejor que antes. Algunas partes de nuestra personalidad siempre estarán incompletas. Los cambios en la tolerancia al estrés y en la personalidad son pequeños, pero tienen, sin embargo, mucha importancia para el meditador y sus relaciones, tanto en la vida privada como en el trabajo.

No obstante, hay quien piensa que la idea de procesamiento desaparece si el resultado no es casi perfecto ni algo que impresione a los demás. Ciertos grupos juegan con esas esperanzas en su publicidad de “autodesarrollo” y prometen lo increíble respecto al manejo del estrés, al desarrollo de la personalidad, y más. Esas promesas son fascinantes y convincentes para unos mientras que para otros son demasiado buenas para ser verdad y revelan una perspectiva idealizada de las potencialidades humanas. La esperanza o creencia de que es posible que se realicen se basan en un fuerte sentimiento de inferioridad y en una autoestima muy baja. Por tanto, el intento de hacerlas realidad es una esperanza compensatoria de unos resultados liberadores que sacarían a la persona de la “miseria”. Una investigación detallada muestra que esas magníficas promesas no son, de ningún modo, realistas.

No hay respuestas finales sino un proceso

La investigación de la interioridad de uno mismo con la Meditación Acem se lleva a cabo primariamente mediante una introspección no verbal, prelógica y, a veces, sin imágenes. Algunas experiencias se incorporan como una forma de “sabiduría de la vida”, y probablemente correspondan a lo que el psicólogo Carl Jung llamaba “realizar el arquetipo del ser”. La Meditación Acem es una herramienta para obtener una relación más viva con el propio ser y con algunos aspectos del inconsciente.

Con la meditación regular damos inicio a un viaje interior. Sin embargo, no debe hacerse con la esperanza El arte de equilibrar los sueños con lo posible. La vida nunca es perfecta, y no tiene que serlo para ser cumplida.

de encontrar, de una vez para siempre, una “respuesta” final. Para lograr resultados óptimos con la meditación debemos sintonizar con el proceso, estar en movimiento y no pretender, como meta, encontrar demasiadas soluciones finales. Podemos permitirnos tener respuestas provisionales que más tarde descartaremos por el camino en la dirección de una comprensión más firme y holística, pero nunca una comprensión última del ser y de la vida. La Meditación Acem no es esencialmente una práctica intelectual, filosófica o psicológica, más bien, inicia un proceso existencial orgánico e intuitivo, que aumenta la comprensión del ser, de ciertos aspectos de nuestra historia, de nosotros mismos, de los demás y del mundo que nos rodea.

Metapensamientos, autoimágenes y valores

Pensamientos evaluadores

Los pensamientos valorativos suponen que podemos ver diferentes aspectos de un asunto, introducir matices en nuestras opiniones, etc., como parte de cualquier pensamiento maduro de la vida adulta. Cuando los pensamientos evaluadores investigan, discuten o preguntan, suelen ser consideraciones ordenadas que evalúan los pros y los contras antes de tomar una decisión. Una buena capacidad de valoración presupone cierta libertad de pensamiento para poder captar el tema desde varios ángulos e, incluso, cierta distancia, además de la capacidad de tomar decisiones o de adquirir un criterio sobre el asunto. Una buena capacidad de evaluación, hace patente, entre otras cosas, la capacidad de reflexión.

Por otro lado, estamos expuestos a necesidades y emociones fuertes, nuestras o de los demás, y es fácil perder la capacidad de valoración personal e independiente en algún momento. Nuestro ser se ve entonces oscurecido y perdemos temporalmente parte de nuestra libertad existencial. Son experiencias humanas comunes, que todo el mundo reconoce en situaciones en las que las emociones y las necesidades intensas, propias o de otros, exigen una posición u opinión concreta y debilitan por algún tiempo nuestra capacidad de evaluar las cosas de forma equilibrada.

Ocurre algo similar, aunque de forma más sutil, durante la meditación. Aquello que influye en este caso no viene de fuera sino de dentro de nosotros, de forma oculta, y se actualiza a través de las actividades espontáneas. Denominamos metapensamientos a un tipo de “evaluaciones” que surgen en determinadas condiciones, y que representan actualizaciones de la psicología del propio ser.

¿Qué son los metapensamientos?

La meditación durante ciertos periodos está influida por pensamientos críticos claros sobre nuestra ejecución de la meditación, su contenido o nosotros mismos. Se necesita un criterio más para que se trate de metapensamientos, y es que debemos creerlos absolutamente: los consideramos ciertos, no les planteamos ninguna objeción. Los metapensamientos son categóricos y absolutos: no permiten ningún matiz, ni tampoco ninguna circunstancia justificativa o atenuante. Es simplemente “así”.

Ante los metapensamientos perdemos la capacidad de reflexionar y la oportunidad de captar las cosas desde diferentes ángulos, de evaluarlas en la distancia y de entender su contenido desde una perspectiva más amplia.

Al igual que la absorción espontánea (o concentración espontánea), los metapensamientos nos atrapan en una perspectiva única, con exclusión de todas las posibles alternativas y no somos capaces de ver en qué estamos atrapados ni dónde nos encontramos. Los metapensamientos suelen ir dirigidos hacia nuestro propio ser aunque, de vez en cuando, se dirigen hacia otras personas y, en este caso, son proyecciones. En cualquier caso, son exageradamente críticos y, en parte, erróneos. Estos pensamientos críticos, tanto si se orientan hacia el interior como hacia el exterior, reflejan en el fondo los lastres que tenemos, relacionados con nuestras autoimágenes, suelen condenar con firmeza, y rara vez idealizan. Los metapensamientos están incluidos en el flujo de pensamientos pero no son percibidos así.

Los metapensamientos son, en gran medida, erróneos aunque pueden contener “algo” de cierto. Con frecuencia se les obedece “ciegamente”, otras veces nos desesperan porque no conseguimos cumplir sus ordenes y nos sentimos fracasados o paralizados y, en muchas ocasiones, nos presionen para salir, de manera ciega, de una situación desesperada o desagradable. No es inusual que elijamos soluciones que incorporan la concentración en lugar de la actitud mental libre.

Los metapensamientos son una forma complicada de resistencia frente al cambio y el desarrollo. Como todas las formas de resistencia, su propósito oculto es frenar ese cambio o desarrollo. Prohíben, especialmente, los cambios en nuestras estructuras de la psicología del ser y en los valores relacionados con el ser. Las palabras que de forma típica describen los metapensamientos son: críticos, sin oposición, imperativos, casi siempre negativos. “No puedo obtener esto, he fallado como siempre”; “Tengo demasiados pensamientos”; “La meditación no funciona para mí”; “Todo el mundo lo hace bien, menos yo.” Hay también algunas variantes exageradamente “positivas”, aunque son raras y totalmente inútiles. Por ejemplo: “Esto va increíblemente bien!”; “Mi meditación me ha llevado a la consciencia más alta!”; “Soy muy especial, mucho más que todos los demás.”

Una experiencia distorsionada

Todas las personas que meditan con regularidad acaban topándose con los metapensamientos. A menudo son implícitos, poco claros y sin palabras, por eso no siempre nos damos cuenta de que los tenemos. Algunos los llaman pensamientos automatizados, los damos por sentado.

Tendemos a no ver a través de ellos ya no cuestionarlos, su poder de convicción hace que su “mensaje” sea evidente, una “verdad” indiscutible. Bajo su influencia de los metapensamientos percibimos la “realidad” y a nosotros mismos desde su perspectiva, así, distorsionan y tergiverNuestras tensiones distorsionan nuestro modo de vernos a nosotros mismos y al mundo. Vemos lo que conocemos, y no necesariamente lo que es.

san nuestra visión y nuestra experiencia.

Por tanto, los metapensamientos son una variante especial de la actividad espontánea, pero no se reconocen con facilidad como tal. Tienen en común con la absorción espontánea (o concentración espontánea) que se pierde la capacidad de reflexión, se estrecha la libertad cognitiva y emocional, no podemos captar el fenómeno desde una perspectiva que nos permita valorar sus pros y sus contras de forma adecuada y, por eso, tampoco encontramos una buena solución. Aunque la absorción espontánea y los metapensamientos tengan algo en común son, sin embargo, distintos. La absorción espontanea implica que se detiene la repetición del sonido de meditación, mientras que con los metapensamientos seguimos repitiéndolo. Como ya hemos dicho, los metapensamientos tienen sus raíces en nuestras bajas autoimágenes y en los valores asociados a ellas caracterizados por la vergüenza, la culpa y la exclusión. El hecho de que estas partes del propio ser surjan y se activen durante la meditación es incómodo y, además, nos desvía pero, al mismo tiempo, nos ofrecen la importante oportunidad de procesar aspectos esenciales de nuestras estructuras de la psicología del ser.

La regla general entonces es que las “evaluaciones” que se expresan en los metapensamientos son erróneas y se enfocan en cosas insignificantes. Expresan lados no procesados de nuestras autoimágenes bajas y de sus valores asociados. Aunque suene extraño y paradójico, la realidad es que el hecho de que aparezcan metapensamientos durante la meditación es el resultado de que estamos meditando correctamente, por lo que, han dejado aflorar algunos aspectos irracionales pero, a la vez, también ofrecen la oportunidad de reducir parte de su influencia, activa tanto durante la meditación como en la vida diaria, a nivel estructural.

Las autoimágenes negativas y su función

Nuestras autoimágenes bajas nos influyen no solo durante la meditación sino también en la vida diaria. Las autoimágenes se manifiestan de diversas maneras, limitándonos, en aquello que nos atrevemos a hacer o en quien creemos ser o en lo que pensamos que podemos aprender. Nos influyen por medio de autoevaluaciones reiteradas, no realistas, que nos llevan abajo o arriba. De vez en cuando se expresan como una autoestima compensatoriamente alta: “¡Soy magnífico!” Pero, más a menudo, los metapensamientos son negativos o nos hacen sentir bochorno, vergüenza e inferioridad: “Soy un fracasado, un estúpido y un inútil”, “¿Qué pensarían los demás si supieran cómo soy en realidad?” Las autoimágenes exageradamente bajas o altas son una parte automática de la regulación interna de nuestra autoestima o de nuestro narcisismo que tienen su origen en la formación temprana del ser durante la infancia y se van desarrollando a lo largo de la vida. Las autoimágenes dirigen y limitan en alto grado nuestro despliegue vital.

Cuando actuamos dentro del marco que nos imponen las autoimágenes bajas solemos restringir nuestras oportunidades en la vida. Lo mismo ocurre, aunque de forma algo distinta, cuando nos sobrevaloramos para mantener a distancia esas autoimágenes bajas. Nuestras ambiciones y autoevaluaciones no están equilibradas con las posibilidades y cualidades que realmente tenemos, entonces, la autoevaluación es demasiado “alta” o demasiado “baja”.

Consumimos mucha energía psicológica evitando las situaciones en las que las circunstancias externas confirman nuestras autoimágenes bajas dolorosas, por ejemplo, cuando creemos que no aprobaremos un examen a pesar de que conocemos muy bien la materia, o cuando imaginamos que la gente se va a marchar con disgusto mientras estemos hablando en una reunión, o al tratar un asunto con un superior, o al iniciar una relación, u otras situaciones similares. Las autoimágenes negativas son limitantes, a veces paralizantes. Cuando evaluamos las situaciones erróneamente de forma sistemática, nos limitamos a nosotros mismos en base a nuestros propios condicionamientos psicológicos; evitamos retos que podrían beneficiarnos, bien sea en el campo de nuestra educación, nuestra profesión, o en las relaciones íntimas o de familia.

Influyen sobre la meditación

Los metapensamientos negativos nos hacen “corregir” la ejecución de la meditación de manera desafortunada porque creemos que son ciertos y cedemos fácilmente a sus mensajes o afirmaciones. Las “correcciones” en la ejecución de la meditación en base a la perspectiva de los metapensamientos resultan contrarias a su propósito.

Al comienzo podemos experimentarlas como “correctas”, pero esas soluciones mantienen el problema, y el desarrollo meditativo se limita o se detiene. Un aspecto de los metapensamientos que invita a la reflexión es que la persona que los tiene, normalmente no los puede identificar aunque sean frecuentes. Los metapensamientos son parte de un patrón general más amplio, que se expresa de un modo un poco diferente cada ocasión. Como esas partes de la psicología están vinculadas a un escaso o nulo conocimiento de uno mismo, uno mismo no puede ver sus conexiones, y repite los mismos errores una y otra vez. Esos patrones repetitivos se quedan sin modificar hasta que obtenemos relaciones satisfactorias en la vida o practicamos técnicas que, como la meditación, nos esclarecen esa disonancia con el patrón. Esto puede hacer que revelemos y corrijamos el patrón más extensamente. A menudo, no somos nosotros mismos los que descubren que tenemos metapensamientos. Lo hacen más bien los demás, normalmente durante una orientación de meditación, vía un correctivo externo.

El meditador suele adaptar su ejecución de la meditación a las percepciones distorsionadas de los metapensamientos, porque piensa que son “correctas”. Podemos esbozar así el orden de los acontecimientos: Ser atrapado por un metapensamiento  Evaluar desde el metapensamiento  Cambiar la ejecución en el sentido de la concentración Quizá las evaluaciones nos hacen esforzarnos en repetir el sonido más claro y más fuerte de lo necesario para adaptarnos a aquello que afirman los pensamientos críticos, que estamos demasiado poco centrados o que tenemos demasiados pensamientos durante la meditación, o bien nos activan a intentar limitar o reprimir las actividades espontáneas intensas: recuerdos, planes, fantasías, intranquilidad, tristeza, incomodidad, inquietud, cansancio, etc. A menudo nos hacen usar una concentración activa para “enderezar” la situación. Todas esas “correcciones” representan desviaciones en la ejecución y limitan la actitud mental libre.

Con muy escasa frecuencia los metapensamientos les crean muchas molestias a los principiantes. En la primera fase procesar los metapensamientos es rara vez un reto para el meditador. Empiezan a ser relevantes y a representar un desafío serio en la meditación más adelante en el proceso. Sin embargo, es útil que ellos sepan que estos fenómenos existen ya que procesar los metapensamientos es uno de los retos más grandes que plantea la Meditación Acem y, al mismo tiempo, este procesamiento contribuye significativamente al desarrollo y a la maduración de la personalidad y de la capacidad de reconciliación.

Romper círculos maliciosos en tres pasos

Como ya hemos comentado, el meditador al principio no entiende que tiene metapensamientos, los descubre a menudo con la ayuda de otros, o bien él mismo, tras mucho tiempo, debido a una disonancia evidente. Por tanto, un reto importante es reconocer los metapensamientos como lo que son, es decir, como una idea psicológica distorsionada acerca de la meditación, de uno mismo, de los demás o del mundo. En este contexto, el diálogo y la orientación de la meditación son de gran importancia. A través del diálogo con instructores competentes o meditadores con dilatada experiencia es más fácil que uno descubra sus propios metapensamientos.

Para salir del círculo cerrado de los metapensamientos debemos cambiar nuestro modo de relacionarnos con ellos. Los metapensamientos nos limitan solo si los creemos, si pueden mantener su perspectiva cerrada, y si usamos la concentración como respuesta en lugar de la actitud mental libre. Paradójicamente la solución adecuada consiste en relacionarnos con estos juicios críticos de la misma manera que con las demás actividades espontáneas, dejando que los metapensamientos pasen, como cualquier otro elemento del flujo de pensamiento.

Cuando lo hacemos, dejamos de tomarlos como “verdades” y de “esforzarnos” en concentrarnos y que nos dirijan.

Así, pasamos de relacionarnos con los metapensamientos como algo absoluto a darles una importancia relativa, recuperamos nuestra capacidad de reflexión aunque su perspectiva pueda mantenerse parcialmente durante un tiempo. Quizá dejamos de usar presión para pensar en un sonido de meditación más claro y más fuerte, o dejamos de apartar de la mente los pensamientos y emociones desagradables. En resumen, dejamos de utilizar energía, esfuerzo y concentración para acatar las ideas y la perspectiva de los metapensamientos. Cuando permitimos que pasen de largo, como cualquier otro pensamiento, pierden su agarre categórico en nosotros y aunque nos puede llevar cierto tiempo dejarlos del todo, seremos más libres.

Los pasos para manejar los metapensamientos son más detallados de lo que pensamos inicialmente cuando los identificamos. Esto rara vez es obvio para el meditador y descubrirlo supone un proceso de clarificación que incluye la orientación o la disonancia, y quizá ambas.

Cuando identificamos los metapensamientos debemos soltar el freno que ejercen sobre nosotros, dejar de creer en su “mensaje” y, gradualmente, tratarlos como cualquier otro pensamiento, dejarlos pasar o que estén allí y que se vayan cuando quieran, sin dejarnos dirigir por ellos. La perspectiva del metapensamiento es cerrada, limitada y concentrada. Hay un marcado contraste entre su perspectiva y la que naturalmente tenemos con una actitud mental libre. En principio, soltar el metapensamiento es sustituir la concentración por una mayor actitud mental libre, esto es, sustituir una forma de atención por la otra.

Cuando hablamos del agarre que ejerce el metapensamiento sobre nosotros estamos describiendo cómo una parte desconocida de nuestra psicología controla otra parte. Los metapensamientos describen una situación mía sobre mí mismo. El agarre en nosotros que mantiene el metapensamiento incluye perder la apertura en la atención y la capacidad de reflexión. Al identificar y “soltar” la perspectiva del metapensamiento, el meditador aumenta gradualmente con la actitud mental libre su nivel de control sobre más partes de sí mismo. Esta ampliación del espacio psicológico para la acción afecta no solo a la meditación sino que influye, de manera gradual, sobre el resto de nuestra existencia, en el día a día que se despliega a lo largo de nuestra vida. Desde la creencia inicial en que la concentración nos da más control, terminamos comprendiendo que es justamente al revés, solo una mayor actitud mental libre nos concede el control durante la meditación.

Manejo de los metapensamientos

Identificar el metapensamiento  Soltarse de su “agarre”  Ejecutar la meditación con mayor actitud mental libre Cuando manejamos los metapensamientos con actitud mental libre, reducimos la carga de ideas y emociones que se mantienen en nuestra baja autoestima. Lo sentimos, sobre todo, como un alivio. Ya no estamos tan dirigidos por las partes menos constructivas de nuestro ser o por nuestros patrones de pensamiento y de comportamiento.

Aumenta nuestro acceso a la energía, antes limitada por las autoimágenes bajas y por los pensamientos y emociones no deseados. Nuestras autoimágenes bajas no desaparecen pero pierden gran parte de su fuerza y su presión sobre nosotros. Nuestra imagen básica de nosotros mismos adquiere otro centro de gravedad y se hace más estable y segura. Nos aceptamos más a nosotros mismos y así nos hacemos más fuertes.

Resumimos brevemente los pasos del trabajo con los metapensamientos: 1. Identificar los metapensamientos, darse cuenta de que estamos atrapados por ellos. Esto se consigue con frecuencia a través del diálogo o la disonancia, y puede tomar un tiempo.

2. Dejar de invertir nuestra energía en las “verdades” críticas de los metapensamientos durante la meditación o en los residuos que nos dejan durante algún tiempo. En su lugar, dejamos que pasen con actitud mental libre, repetimos el sonido de meditación independientemente de la dirección en la que nos empujan esas “verdades”.

3. Procesar y fortalecer una perspectiva nueva de uno mismo; nos liberamos del agarre que los reiterativos metapensamientos han tenido sobre nosotros.

Esto significa ejecutar la meditación con más actitud mental libre. Gradualmente se debilitan también las estructuras que están en la raíz de los metapensamientos.

Métodos de meditación diferentes “Meditación” es un término general que incluye distintas técnicas mentales cuyo propósito es contribuir al cambio o transformación de la conciencia del ser humano, y que se enfocan en metas diversas. El concepto de meditación abarca una amplia gama de técnicas y tradiciones muy diferentes. Los métodos de meditación utilizan distintos tipos de objetos de meditación y, además, otras herramientas; y los diferentes métodos tienen efectos distintos en el cuerpo y en la mente durante la meditación o después de ella.

A continuación esbozamos algunos rasgos comunes de varios métodos de meditación. Esperamos contribuir a ver la Meditación Acem desde una perspectiva más amplia y, para ello, se analizan algunas técnicas de meditación resaltando sus similitudes y diferencias.

Meditación natural

Como meditación natural se entienden formas de meditar que existen en la mayoría de las culturas, tanto en oriente como en occidente. También, las personas que nunca han aprendido una técnica de meditación probablemente han tenido experiencias de meditación natural sin haberle dado ningún nombre. Un estado mental meditativo puede aparecer espontáneamente cuando nos encontramos en la naturaleza ante una vista magnífica, sonidos agradables u olores frescos. Estas experiencias suelen ser resultado de vivencias silenciosas o estéticas. Cuando miramos las llamas en la chimenea, escuchamos el agua correr o disfrutamos del profundo silencio de la naturaleza, entonces la conciencia puede fluir libremente, el tiempo cesar Una relación cercana con la naturaleza forma parte del “alma del pueblo noruego”. Así pues muchos noruegos tienen una comprensión espontánea de la meditación natural.

y nosotros sentir que estamos en una dimensión distinta a la de la vida diaria. Estas experiencias se incluyen en el concepto de meditaciones naturales.

El ser humano moderno percibe las meditaciones naturales como experiencias no religiosas, mientras que en algunas culturas se entienden como un contacto con espíritus de la naturaleza o con algo universal, o como una conexión con el alma. Las meditaciones naturales son enriquecedoras y satisfacen un anhelo general de esencia, autenticidad o importancia de la vida. No obstante, las oportunidades de alcanzar un mayor autoconocimiento y desarrollo personal por medio de este tipo de experiencias son limitadas. Esta forma de meditación es difícil de planear y de llevar a cabo de forma sistemática y con regularidad, y además la vida urbana moderna es difícil que nos ofrezca meditaciones naturales, los espacios raramente nos invitan a ello.

Por eso, cada vez mayor número de personas quieren aprender a meditar y utilizan métodos de meditación que son independientes de un contexto particular. La ventaja de estos tipos de meditación es que se pueden practicar fácilmente cuando sea oportuno, bien diariamente, bien esporádicamente, con independencia de la hora y el lugar.

Los efectos vienen por una ejecución correcta y no de experiencias naturales espontáneas o fortuitas.

Diferentes objetivos de meditación

El objetivo dista de manera notable entre las diferentes formas de meditación. De manera simplificada distinguimos los tipos de meditación según lo que pretenden lograr y encontramos dos enfoques distintos: unas buscan una meta interior, es decir, experiencias o estados especiales de la mente mientras otras pretenden mejorar el día a día. En otras palabras, la meta puede estar en la misma meditación o fuera de la meditación.

Las meditaciones basadas en el primer enfoque se esfuerzan en lograr estados, emociones, experiencias o visiones, con frecuencia, en formas religiosas o metafísicas. La búsqueda de experiencias en la meditación puede contener deseos de rebasar lo cotidiano y de encontrar un significado en otra dimensión de la existencia. En este enfoque la persona que medita sabe con antelación qué es lo que debe lograr y la meta puede ser establecida por un maestro o recogida en escrituras sagradas o seguir una tradición. El meditador busca un estado “conocido” y descrito que le traerá redención y liberación, y que, además, tal vez, apoye cierta cosmología. Pueden ser enseñanzas metafísicas, una religión, un culto gurú o un culto de drogas. Con este enfoque hacia la “experiencia”, la vida diaria fácilmente puede parecer trivial y de escaso significado.

Las experiencias meditativas en este contexto pueden conceder al meditador un sentimiento de participación en aspectos espirituales de la existencia, de lograr algo que supera casi todo, por su valor. Las experiencias internas son efímeras, y además no se pueden controlar. De forma semiconsciente o inconsciente la persona puede llegar a convencerse a sí misma de que alcanza unas experiencias que, en realidad, no son más que ilusiones. En el enfoque dirigido hacia las experiencias meditativas se puede, además, tender a interpretar la mayoría de lo que se experimenta hacia “arriba”, es decir, como algo grande e importante, con mucho significado.

Interpretar hacia abajo

En el segundo enfoque, la persona se centra más en que la meditación contribuya a su vida y a su día a día, es decir, al tiempo que pasa cuando no está meditando. Le importa menos la experiencia durante la meditación y más la conexión entre su ejecución y los resultados en la vida diaria. Las experiencias meditativas se perciben solo como “destellos” fortuitos sin ningún significado especial, y se considera que no hay que ocuparse demasiado de ellas ni darles demasiado sentido. En este enfoque, el valor de la meditación se mide en base a lo que uno amplía su capacidad de manejar la vida diaria, por ejemplo, a través de relaciones más satisfactorias, trabajo y creatividad, salud y desarrollo personal. Los resultados son lo importante, no lo son: los estados, las emociones o las experiencias específicas.

En este enfoque de la meditación orientada hacia el proceso, la mayoría de las experiencias vividas durante ¡ Mira! La atención reposada percibe también lo que hay en la periferia.

la meditación se interpretan hacia “abajo”, es decir, como manifestaciones de algo inacabado, de dilemas o problemas que se deben encarar o solucionar para obtener más de la meditación. De esta forma se pone más énfasis en la contribución personal en el desarrollo de los resultados.

Hoy en día parece que el enfoque hacia las experiencias resulta más atractivo que el enfoque de una práctica meditativa orientada hacia el proceso y el cambio. Quizá porque la búsqueda de experiencias no supone practicar con regularidad, ni tampoco un trabajo sistemático con la ejecución de la meditación. En el enfoque hacia las experiencias, a menudo, hay cierta expectativa de que algo le va a llegar a la persona, mientras que en la práctica meditativa orientada hacia el proceso y la ejecución es lo contrario: lo que la persona hace consigo misma, no lo que experimenta, es decisivo para determinar a qué resultados puede contribuir la meditación.

El objeto de meditación

Todos los tipos de meditación utilizan uno o más objetos a los que dirigen la atención. Los objetos de meditación tienen determinadas cualidades de estimulación que influyen en cómo se mueve la mente y en las asociaciones y procesos mentales que se activan. Por eso, el objeto de meditación es decisivo respecto a lo que llena el contenido de la meditación.

Los objetos de meditación pueden tener muchas formas diferentes. Una distinción fundamental se da entre objetos simbólicos o con significado y objetos de carácter más neutro. Son ejemplos de objetos simbólicos, con significado, entre otros: las autoinstrucciones verbales, las imágenes mentales y las emociones. En algunos casos se utiliza una oración, un koan zen, mantras, textos, objetos físicos especiales, símbolos o iconos. Con los objetos de meditación simbólicos o con significado, la meditación se limita a asociaciones directas o indirectas estimuladas por el objeto de meditación o el contexto del cual forma parte.

Son ejemplos de objetos de meditación neutros, cuando la atención va dirigida a la respiración o al pulso (el cuerpo), a una vela encendida (objeto externo), a un sonido de meditación (objeto interno), etc. En algunas formas de meditación el propósito es que el objeto sea neutro. La intención con ese objeto es precisamente no darle a la mente una dirección determinada, limitada, sino crear apertura hacia el lugar donde se encuentra el meditador en cada momento y procurarle espacio para procesar lo que le influye en ese preciso instante.

Esta división despliega, al mismo tiempo, otra manera de categorizar los objetos de meditación, en tres tipos: objetos externos, objetos relacionados con el cuerpo, y objetos mentales internos.

Atención, dirigida o no dirigida

El modo de usar la atención hacia los objetos de meditación también varía mucho. Algunas meditaciones presuponen una concentración intensa, otras que se activen las emociones, otros más tienen como meta vaciar la mente de pensamientos o dejar pasar los pensamientos libremente. Una de las más importantes diferencias entre las técnicas de meditación tiene que ver con cómo nos relacionamos con el uso de la atención. Encontramos lo que llamamos (1) técnicas dirigidas o de concentración, a menudo enfocadas en obtener determinados efectos o estados de la mente, y (2) técnicas no dirigidas o con actitud mental libre, que suelen orientarse hacia el proceso y están abiertas a lo que venga en la meditación.

Las diferentes escuelas de meditación utilizan instrucciones muy diferentes sobre cómo usar la atención La atención en la Meditación Acem no busca nada en particular, solamente registra y está presente sin esfuerzo.

durante la meditación. Si pensamos en una escala, en un extremo estará la concentración intensa, en la zona intermedia, una variedad de diferentes maneras de observación o mindfulness, y en el extremo opuesto la actitud mental libre como, por ejemplo, en la Meditación Acem.

Desde esta perspectiva distinguimos las formas de meditación en tres grupos: técnicas de concentración, técnicas de observación y técnicas con actitud mental libre, las dos primeras se consideran técnicas dirigidas.

En las técnicas de concentración, con frecuencia, la idea principal consiste en vigilar la entrada a la mente, manteniendo a distancia todo aquello que pueda distraernos de alcanzar la meta. Algunas variedades de técnicas budistas, como vipasana de Myanmar, chan de China y zen de Japón, a menudo se denominan mindfulness, pero este vocablo no representa un fenómeno uniforme. Incluye una amplia gama de métodos y maneras de usar la atención, desde técnicas de concentración a técnicas de observación e incluso en contadas ocasiones algunas que se acercan más a la actitud mental libre, como en la Meditación Acem.

Las técnicas meditativas dirigidas tienen como meta controlar diversos aspectos de la mente con el fin de lograr un propósito determinado, por ejemplo, relajar las piernas o los brazos, ignorar dolores físicos, etc. Los pensamientos y las emociones se consideran distracciones, y una de las metas de la meditación dirigida consiste en mantener los pensamientos fortuitos y los impulsos fuera del ámbito de la conciencia. En las meditaciones de observación el propósito es observar, siendo consciente de lo que se mueve en la mente pero sin ser atraído ni involucrarse en ello.

Son ejemplos de técnicas dirigidas: • El entrenamiento autógeno o la relajación progresiva son probablemente las más conocidas dentro de las técnicas dirigidas. Se les llama a menudo de “relajación mediante concentración” • La autosugestión o la autohipnosis • Muchas técnicas de fantasía o imaginación, que incluye las desarrolladas por San Ignacio de Loyola, fundador de la Compañía de Jesús (conocido como Jesuitas) y que, en algunos aspectos, tienen cierto paralelismo con la fantasía dirigida o viaje imaginario de la psicología Gestalt moderna y la psicología humanista, pero cuyos objetos se extraen del Nuevo Testamento • Las técnicas de concentración y observación, que incluyen la mayor parte de las variedades de mindfulness En las técnicas no dirigidas es esencial darles más libertad a las actividades espontáneas. En lugar de reprimir o dirigir el flujo de pensamiento, la meta consiste en lograr un mayor acceso a algunos de sus aspectos, y en lugar de intentar controlar, se pretende dejar que los temas se desarrollen desde dentro, espontáneamente. Mediante la interacción con actitud mental libre entre aquello que está dirigido por la voluntad y lo que es espontáneo, se pueden activar partes fascinantes y revitalizantes de la psique. Por ejemplo, la atención puede descansar ligeramente en la repetición del sonido de meditación o en la respiración o en el flujo de pensamiento. Las meditaciones no dirigidas permiten trabajar con los procesos inconscientes y descubrir aspectos que anteriormente uno no estaba preparado para ver. Tener metas suele desviarnos de estos procesos de descubrimiento.

Son ejemplos de técnicas no dirigidas: • La Meditación Acem • La Meditación Trascendental • Algunas formas pocos comunes de mindfulness En la Meditación Trascendental el objeto de meditación es un mantra que tiene significado aunque a menudo el meditador lo desconoce. La respiración suele ser el punto de partida en diferentes variedades de mindfulness. En la Meditación Acem el elemento central es la repetición de un sonido de meditación, con una actitud mental libre hacia las actividades espontáneas.

Cubren necesidades diferentes

Las técnicas dirigidas y las no dirigidas son adecuadas para metas y necesidades diferentes. Quizá necesitemos ayuda para manejar un problema concreto y específico o para alcanzar una meta definida, por ejemplo, reducir dolores físicos o resistir a la necesidad de beber alcohol o fumar. Las técnicas dirigidas son más idóneas para estas situaciones, se dirigen hacia una meta y, por tanto, se adaptan al manejo de necesidades específicas a través del control mental. Por eso, las técnicas dirigidas se utilizan con frecuencia para problemas de salud específicos en los que la actitud psicológica tiene un papel importante.

Sin embargo, cuando el motivo de practicar la meditación es más existencial, o bien está orientado al conocimiento, o bien, de manera general, dirigido a procesar impresiones, a manejar el estrés, al autoconocimiento y el desarrollo personal, entonces, las técnicas no dirigidas son las que obtienen mejores resultados.

importancia de la actitud mental libre. Es una traducción del libro original en inglés Inner Strength. Acem también ha publicado un CD con el mismo título que contiene una charla en inglés. El libro y el CD tratan en gran parte de lo mismo, aunque enfocan los temas desde ángulos diferentes.

Relajación abierta y cerrada

Casi todas las formas de meditación proporcionan la experiencia de cierta relajación interna, pero el grado de relajación física varía según el método. Algunas técnicas muestran cambios fisiológicos evidentes durante la meditación mientras que en otras los cambios son modestos.

Durante la meditación se puede medir: que los músculos se relajan, la presión arterial desciende algo, el corazón late más despacio, la resistencia cutánea aumenta, etc.

También, aumenta el suministro de sangre a la periferia corporal. Estos cambios se relacionan con la relajación física y están documentados por la investigación científica.

Distinguimos entre dos tipos de relajación: abierta y cerrada.

La elajación cerrada, a menudo, aumenta el bienestar debido a que la concentración desconecta la atención del dolor físico o de los pensamientos difíciles o de los temas desagradables. Este tipo de relajación se obtiene a través de la concentración activa (meditación dirigida), pero también se puede conseguir con drogas, analgésicos, alcohol o benzodiacepinas, por ejemplo, el valium. El propósito es conseguir una experiencia determinada mediante la voluntad o los medicamentos, y la meta, conocida de antemano, se considera deseable. Intentar de tomar el control de los pensamientos negativos automáticos es una parte esencial de la terapia cognitiva. Algo similar ocurre en algunos tipos de mindfulness, en los que se intenta “dejar de lado” los pensamientos.

Sin embargo, en la relajación abierta no se debe intentar controlar la dirección o los movimientos de la mente.

Este tipo de relajación nos da la oportunidad de acceder a los procesos inconscientes para modificar su influencia sobre nuestros sentimientos, sobre lo que pensamos y sobre nuestro comportamiento. No podemos saber qué El marco de comprensión de la meditación puede abrir o cerrar las posibilidades de la técnica. Un acercamiento neutral consiste en trabajar con lo humano en general, y no con algo específico de la religión o la cultura.

es lo que va a hacerse consciente; lo que está más cerca de la superficie puede asomar libremente en cualquier momento. Este tipo de relajación contribuye a lo que algunos psicólogos llaman “la regresión al servicio del ser”.

Implica un cambio en el funcionamiento mental hacia una mayor libertad y espontaneidad, un mayor acceso a los impulsos y a la creatividad, y un comportamiento constructivo combinado con la relajación y la recreación. La actitud mental libre es el elemento central de la relajación abierta; la mente se aleja del control de la experiencia, pero sin ir hacia el caos interno.

Técnicas religiosas y no religiosas

Otra distinción fundamental está basada en el contexto del cual forma parte la meditación, que puede ser religioso, neoreligioso o secular. Históricamente la mayoría de las formas de meditación han tenido un origen religioso, tanto en el hinduismo como en el budismo, el cristianismo o en el culto a algún gurú. Sin embargo, hoy en día algunas de estas formas de meditación se han secularizado y se han enmarcado en un contexto existencial, psicológico o de salud, sin relación alguna con creencias religiosas, movimientos neoreligiosos o cultos a algún gurú.

Eso implica que algunas técnicas de meditación funcionan de modo independiente de la religión y de las creencias.

Sin embargo, algunas personas alegan que la religión está siempre incorporada de forma sutil en la ejecución de la meditación, y que, por tanto, no se pueden secularizar del todo las técnicas de meditación. Por otro lado, otros afirman que un conocimiento psicológico más profundo y el desarrollo personal solo pueden darse en un contexto neutro y no religioso. Por sus características muchas técnicas orientales se pueden secularizar, pues utilizan mecanismos psicológicos generales, mientras que las técnicas judeo-cristianas suelen relacionarse con fuerza a un contenido de determinadas creencias y, por tanto, no es posible su secularización.

Hoy en día se practican algunas formas de yoga y meditación zen sin contexto religioso, mientras que la Meditación Trascendental se relaciona con el culto personal y la cosmología que rodeaban al gurú Mahesh Yogi. En este aspecto, entre otros, se diferencia la técnica de la Meditación Trascendental de la Meditación Acem que es neutral, en el sentido de que la práctica no está vinculada ni a la dirección de un gurú ni a una creencia religiosa.

Resumen de la Meditación Acem

En resumen, describimos la Meditación Acem como una forma de meditación sistemática, neutra, no dirigida, no religiosa, basada en la repetición mental, y con un ritmo determinado, de una combinación fácil de sonidos, que libera las actividades espontáneas de la mente. El objetivo de la Meditación Acem es crear un ambiente interno que acepte y abra la corriente espontánea de la mente para poder procesar su contenido más profundo, tanto consciente como inconsciente. Las investigaciones científicas indican que la Meditación Acem aporta un mayor grado de relajación física y mental que las técnicas dirigidas, como, por ejemplo, el entrenamiento autógeno. La Meditación Acem se orienta fundamentalmente hacia el proceso y no hacia experiencias especiales o metas definidas. La Meditación Acem tiene efectos tanto físicos como mentales, proporciona resultados incluso si se medita de forma irregular, pero los procesos más profundos requieren meditar, diariamente, durante meses y años, preferentemente en combinación con meditaciones largas y, de vez en cuando, alguna orientación de la práctica.

conocida. Sin embargo, estos movimientos espontáneos contribuyen a poner fin a la inquietud física y mental.

También pueden llevar el cuerpo a una mayor armonía con el silencio dentro de nosotros.

logía y humanidades comparten perspectivas innovadoras sobre cómo la meditación no dirigida, como la Meditación Acem, interactúa con el cerebro, el cuerpo, la mente y la cultura.