Skip to main content

El inicio

Postura de meditación

Siéntate cómodamente, con un buen apoyo en la zona lumbar, bien en una silla adecuada o bien en la cama.

El método

La instrucción básica en la Meditación Acem

Siéntate cómodamente, con un buen apoyo en la zona lumbar, bien en una silla adecuada o bien en la cama.

Cierra los ojos. Tómate unos segundos, al principio, para calmarte.

Ahora empieza a repetir en la mente el sonido de meditación, tranquilamente, suavemente; sin utilizar la lengua, ni los labios ni la voz, y sin hacer esfuerzo o poner presión en su repetición. Deja que tu atención descanse en el sonido de meditación mientras lo repites ligeramente y libremente dentro de tu mente.

Todas las actividades espontáneas que aparecen en la mente y en el cuerpo, sean pensamientos, imágenes, emociones, recuerdos, sentimientos, movimientos u otros cualesquiera, las dejas ir y venir, mientras que, al mismo tiempo, repites el sonido en tu mente sin esfuerzo. Y ejecutas la meditación como algo que fluye libremente.

Cada vez que seas consciente de que el sonido de meditación ha desaparecido, porque tus pensamientos u otras actividades espontáneas han captado tu atención, vuelves a repetirlo en la mente, sin apresurarte, sin excluir nada. Solo “desliza” la repetición del sonido con suavidad y sin esfuerzo.

La velocidad con la que repites el sonido puede variar, sin embargo, siempre debe ser sosegada, sin esfuerzo. La repetición nunca debe contener presión ni ser demasiado rápida; tampoco debes utilizar la repetición del sonido para apartar pensamientos, emociones, dolores físicos o sentimientos. En cada ocasión que durante la meditación reinicias la repetición del sonido, debes hacerlo tranquilamente, a una velocidad que parezca natural según donde te halles en ese momento.

Cuando se acabe la sesión de meditación puedes permanecer sentado en silencio durante unos segundos, y estirarte ligeramente antes de levantarte e iniciar otra actividad. Si tienes una edad más avanzada tal vez puedes sentir un momentáneo mareo al ponerte de pie de repente, lo que te indicará que no será lo mas adecuado.

La postura sentada

Para meditar siéntate cómodamente con las manos sobre los muslos de manera que se toquen entre sí, con las palmas hacia arriba, y los pies juntos o las piernas cruzadas a la altura de los tobillos. Siéntate recto con un buen apoyo en la zona lumbar, en una silla cómoda o en la cama con las piernas estiradas o cruzadas. La postura sentada debe ser lo mas cómoda posible para que no te demande atención ni te produzca molestias durante la meditación. Si la postura te molesta te exigirá una atención innecesaria y te distraerá de la profundización meditativa. Puedes moverte con cuidado durante la meditación, e incluso puedes rascarte si sientes la necesidad sin distraerte de la meditación. Si dejas caer demasiado la cabeza hacia atrás te puede causar dolor de cuello.

En ese caso busca ponerte un buen apoyo cervical, que puede ser un sillón con respaldo alto o un cojín detrás de la cabeza. Sin embargo, si la cabeza se cae hacia adelante, no intentes evitarlo. Durante la meditación la cabeza se yergue a menudo de forma espontánea, o sino, cuando te parezca natural, la levantas tú mismo tranquilamente.

Si no hay alguna razón de salud que indique lo contrario, como por ejemplo un problema de espalda, no se debe meditar tumbado.

Dónde meditar

Para meditar intenta encontrar un ambiente tranquilo, sin interrupciones ni estímulos intensos. Es preferible una luz tenue o la oscuridad. Meditar fuera, en la naturaleza o al sol, casi siempre interfiere con la meditación. También meditar en el tren, en el autobús o en un avión puede exponer el cuerpo al movimiento y dificultar la obtención de una relajación profunda, aunque nos aportará algo. En ocasiones puede ser la única oportunidad de meditar a lo largo del día y, aunque no sea la alternativa ideal, es mejor que no meditar nada.

¿Cuánto tiempo meditamos en la vida diaria?

Para una persona adulta que practique la Meditación Acem lo ideal es meditar dos veces al día durante 30 minutos, o 45 minutos una vez al día. Se puedes alternar entre las dos posibilidades según la necesidad de cada día. Si se tiene poco tiempo, o nos despertamos demasiado tarde, es mejor meditar 5-10 minutos que no meditar nada. Las meditaciones, aunque sean cortas, nos aportarán algo de relajación y contribuirán a mantener el proceso en marcha.

En cuanto a meditar más tiempo cuando se está sólo, Acem aconseja no meditar más de una hora ininterrumpida. Particularmente en los periodos estresantes, cuando hay mucho por hacer en el trabajo, los estudios o la vida privada, puede ser beneficioso meditar más tiempo, es decir, hasta una hora, una o dos veces al día. Algunas personas se marcan el hábito de meditar una hora sin interrupción, o en la primera o en las dos meditaciones diarias durante el fin de semana. De esta forma se sienten mejor, con fuerzas renovadas y con más energía para afrontar la semana.

Se trata de ser práctico y pragmático. Puedes meditar en el metro, pero no es el lugar ideal.

¿A qué hora del día?

En principio se puede meditar en cualquier momento del día. Sin embargo se deben tener en cuenta algunos aspectos. La mayoría de los meditadores medita por la mañana antes de desayunar. Por la tarde, el mejor momento es antes de la cena. Las comidas copiosas implican mucha actividad en el aparato digestivo y esta no es una situación favorable para meditar. Por eso, lo mejor es meditar antes de comer, o unas dos horas después de una comida abundante. Una comida ligera tiene poca influencia sobre la meditación. Se recomienda evitar ponerse a meditar 1-2 horas antes de acostarse por la noche, ya que la meditación puede ser tan tonificante y energizante que resulte difícil dormirse inmediatamente después, aunque hay excepciones. Sin embargo, las personas aquejadas de insomnio a menudo duermen muy bien después de meditar. Puedes leer la sección sobre el insomnio.

Meditar por la mañana

La meditación matutina es una buena forma de empezar el día y una oportunidad para llenar la mente de tranquilidad y fuerza interior. Además te permite trabajar sobre ciertos aspectos de los temas de la vida.

Algunas personas están siempre cansadas por la mañana y se vuelven a dormir con facilidad al poco tiempo de haber empezado a meditar. En esos casos tal vez es mejor levantarse, ducharse o hacer otra actividad que te espabile, antes de sentarte a meditar. En cualquier caso se aconseja desayunar después de la meditación.

Intenta adaptar el tiempo para meditar a tus rutinas diarias y a tus comidas.

Meditar por la tarde

Durante la tarde o la noche solemos estar más cansados que por la mañana. Meditar después del trabajo nos aporta un “doble” beneficio, nos relaja y también recarga nuestras baterías para lo que queda del día. Con frecuencia las meditaciones de la tarde se sienten profundas y agradables porque eliminan el cansancio acumulado por las actividades del día. A menudo nos proporcionan más energía para estar con la familia y los amigos, o para las actividades de ocio, pero al mismo tiempo nos aportan un procesamiento menor de los temas más profundos de la vida. El procesar las experiencias del día nos ocupa la mayor parte del tiempo.

La rutina diaria de meditar

Debemos incorporar la Meditación Acem a nuestra rutina diaria en medio de otras actividades tales como trabajar, comer, recoger a los niños, los hábitos de ocio, etc.

Las personas que lo consiguen terminan más fácilmente meditando con regularidad y obtienen mejores resultados.

Por el contrario, a aquellas que tienen que pensar cada día cuándo van a encontrar el tiempo para meditar, les resultará más difícil tener un buen comienzo en la senda de la meditación. En el ser humano moderno son muchas las cosas que luchan por acaparar su atención y su tiempo. Si no nos organizamos nuestro tiempo para meditar es fácil que la meditación desaparezca de nuestra vida diaria, por muy buenas intenciones que tengamos. La experiencia nos indica que cuanto más lo posponemos, más difícil resultará establecer unos buenos hábitos de meditación.

Por eso se aconseja dedicar un tiempo a pensar en cómo incorporar la meditación al patrón fijo de la vida diaria, para desarrollar la costumbre desde el inicio.

Importancia de la regularidad

Los resultados que obtienes con la meditación dependen del grado de regularidad con el que practicas la técnica, del tiempo que llevas practicando, de la calidad de tu ejecución de la técnica y de tu modo de gestionar los desafíos que encuentras en la meditación. Cada meditación proporciona relajación, mientras que la regularidad posibilita que progresen los procesos más profundos.

Resultados típicos son la reducción del cansancio y de los pensamientos y emociones estresantes. La Meditación Acem aminora la carga de las impresiones del día, amortigua la presión del estrés y del ajetreo diarios, e incluso de los residuos del pasado. Con la regularidad aumenta la tolerancia al estrés. Muchas personas consiguen más energía para el trabajo y sus relaciones, duermen mejor, experimentan una mayor capacidad de concentración y notan un mayor desarrollo personal. La Meditación Acem aumenta el bienestar vital, da más energía y puede mejorar las habilidades personales para desenvolverse en contextos sociales.

En la Meditación Acem es como en el deporte, los resultados vienen con la práctica regular. Los máximos logros se obtienen con ajustes sutiles en la ejecución de la meditación. Meditar ocasionalmente ayuda a relajarse y a dormir mejor, pero los efectos como una mayor tolerancia al estrés y el desarrollo personal requieren meditar con regularidad durante cierto tiempo.

La meditación correcta: la ejecución, no la experiencia Cuando has aprendido la Meditación Acem te interesa saber si ejecutas la técnica correctamente. En esta situación es importante que tengas en cuenta que una meditación buena no viene determinada por lo que experimentas o sientes sino más bien por lo que haces. Una ejecución correcta viene determinada por una actuación interna correcta, y no por determinadas experiencias, estados físicos o mentales.

A veces uno siente que no se “relaja” durante la meditación, que está en la “superficie”. Con frecuencia, después de meditaciones con este tipo de experiencia uno observa, sin embargo, que en realidad se ha relajado y ha obtenido más energía. La sensación de experimentar meditaciones buenas o malas durante la meditación no siempre refleja lo que sucede realmente en el cuerpo y en la mente. Por eso uno no se debe confiar ciegamente en la propia experiencia cuando se está meditando. Las fuerzas que dirigen la experiencia en la mente están en movimiento y pueden “engañarnos”.

Las actividades espontáneas de la mentepensamientos, imágenes, sensaciones físicas, etc. están cambiando continuamente. Se gobiernan ellas mismas, y debemos dejarlas así tanto si son intensas como si son tranquilas, tanto si son silenciosas como si son recurrentes. La calidad de la meditación no se evalúa por el contenido de los pensamientos.

La tarea de la persona que medita es afrontar todas las variedades de actividad espontánea que pasan al repetir el sonido de meditación de manera ligera, libre y suave.

La actitud mental libre, que crea profundización y proceso, se establece únicamente a través del modo de repetir el sonido, tanto si los pensamientos son poco insistentes como si son fuertes e intrusivos. Por tanto, no debemos evaluar la calidad de la meditación en base a las experiencias durante la meditación.

La experiencia del tiempo cambia

Cuando estás meditando a menudo experimentas que el tiempo pasa más rápido de lo normal. Esto es más obvio para los principiantes. Las personas que meditan gradualmente se adaptan al fenómeno y piensan menos en él. Sin embargo, a veces hay meditaciones donde no experimentas que el tiempo pasa rápido, sino todo lo contrario. De vez en cuando surgen el aburrimiento y la inquietud. Puede ser porque meditas erróneamente, pero con frecuencia es porque ha surgido una resistencia, una discrepancia, o disonancia oculta, entre la ejecución de la técnica y los aspectos inconscientes que se despliegan en ese momento.

Con el paso del tiempo se produce un cambio gradual en la ejecución de la técnica, particularmente en la actitud mental libre, que trae consigo un progreso hacia el equilibrio. Entra de nuevo la experiencia de “flujo” y otra vez el tiempo parece pasar más deprisa. El motivo de una mejor ejecución puede deberse a una mayor sensibilidad interior, pero también puede ser que la actividad espontánea se haya mudado a zonas de hay más equilibrio. Este tipo de cambio siempre pasa desapercibido todo el tiempo.

Por eso trabajar con la ejecución en los momentos en los que el tiempo pasa lentamente es importante para el progreso, y nos da la oportunidad de mover algunos de nuestros límites.

Diferente de la hipnosis

En la hipnosis, incluso si es de corta duración, se experimenta que el tiempo pasa lentamente. Es una de las diferencias centrales entre la Meditación Acem y la hipnosis, incluyendo la autohipnosis. Meditación e hipnosis representan procesos mentales muy diferentes y, en realidad, opuestos. Durante la meditación se trabaja constantemente para reducir la influencia de aquellos aspectos de la conciencia que dirigen nuestra experiencia, con el fin de lograr una conciencia más libre o, al menos, menos limitada. En la hipnosis el enfoque es opuesto, ya que las experiencias se dirigen y se manipulan en una determinada dirección, como, por ejemplo, para alejar un dolor físico o una incomodidad a fin de obtener más bienestar y relajación. De forma simplificada podemos decir que la hipnosis se basa en la concentración y cierra, mientras que la Meditación Acem se basa en la actitud mental libre y abre.

Consejos prácticos

Tras haber aprendido Meditación Acem nos pueden surgir muchas preguntas.

Vacaciones y viajes

Durante las vacaciones y los viajes largos puede ser difícil mantener el hábito de meditar con regularidad, particularmente si estamos con gente que no medita. Podemos intentar planear con antelación cuándo y dónde meditaremos. Una forma de perseverar en la meditación puede ser llevar a cabo antes de que los demás se despierten, y después de que ya se hayan acostado. Podemos también meditar durante las pausas del programa, si las hay, y cuando tengamos algo de tiempo para nosotros mismos.

En algunos casos quizá sea más fácil de lo que imaginamos llegar a algún acuerdo con los demás para mantener la posibilidad de meditar.

Tareas y periodos agotadores

En los periodos estresantes y con sobrecarga de ocupaciones, cuando la presión es intensa, puede resultar difícil encontrar momentos tranquilos para meditar. En estos periodos debemos ser especialmente flexibles y creativos.

Quizá podamos meditar cuando estamos en el trabajo. En otras situaciones de mucho ahogo podemos meditar en el autobús o en el tren; aunque este rato de meditación nos proporciona cierta relajación, no sustituye la profundización de las medias horas. Un poco de meditación es mejor que no meditar nada, pero si durante semanas tenemos meditaciones cortas, dispersas y ocasionales puede sernos difícil, en parte también debido a la resistencia, reencontrar de nuevo una buena regularidad de manera estable.

Cuando estás de vacaciones y fuera de tus rutinas habituales, es todavía más importante planificar cuándo vas a meditar.

Unos minutos de meditación inmediatamente antes de una tarea específica especialmente dura, como dar una conferencia, actuar para una audiencia o liderar una reunión importante, nos calman y nos permiten estar más presentes y relajados. El objetivo en esa situación no es obtener una relajación profunda, sino centrarnos y tranquilizarnos en alguna medida.

Exámenes

Si trabajamos duramente antes de un examen, podemos aumentar el tiempo asignado a la meditación para lograr más energía y no sentirnos cansados demasiado pronto en la última fase de estudio. Un periodo corto de desasosiego e inseguridad antes de un examen a menudo ayuda a que lo hagamos mejor. Por eso no es aconsejable meditar más de lo normal los dos últimos días antes del examen, pero tampoco suprimir la meditación completamente los últimos días ya que puede reducir el rendimiento.

Durante un examen escrito que dure varias horas, si no tenemos la presión del tiempo, puede ayudarnos meditar, por ejemplo 5-15 minutos, en el mismo lugar de la prueba, sobre todo si en algún momento nos sentimos agotados o bloqueados. La meditación permite que nos distanciemos algo del tema, y que pueden surgir pensamientos e ideas nuevos. No debemos meditar más de 10-15 minutos durante el examen, de otra manera podríamos relajarnos tanto que dejaríamos aflorar el cansancio acumulado durante el periodo anterior a la prueba. Este cansancio es mejor tratarlo en un momento posterior y no durante el examen.

Enfermedad

Cuando pasamos un resfriado, o estamos molestos por alguna enfermedad o dolor físico, podemos notar que resulta pesado o difícil meditar, sentir que nos quedamos en la “superficie”, y que estamos cansados, inquietos o influidos por dolor e incomodidad durante la meditación. No obstante, debemos intentar meditar al menos el tiempo habitual, o un poco más. Si cuando pasamos una enfermedad o dolor físico nos sentimos cansados o somnolientos durante la meditación entonces es provechoso dejar que surja el cansancio; podemos tumbarnos y dejar que venga el sueño.

Cuando estamos enfermos tanto el cuerpo como la mente tienen una mayor necesidad de esparcimiento y descanso. Muchas personas experimentan que meditar más en la fase inicial del resfriado hace que este pase más rápido, e incluso en alguna ocasión evita que se desarrolle la enfermedad. Un alto nivel de hormonas de estrés debilita el sistema inmune. Meditar, disminuir el nivel de estrés, dormir y descansar reducen el nivel de hormonas del estrés. Entonces el sistema inmune recupera su fuerza perdida, y esto contribuye, bien a que los virus y bacterias no afloren, o bien a que nos recuperemos más deprisa.

Como hemos dicho antes siempre es mejor meditar sentados, pues si estamos tumbados nos dormiremos más fácilmente. Solo excepcionalmente durante la enfermedad podemos meditar tumbados, si esa es la única manera en la que podríamos hacerlo. Si entonces nos dormimos, ante todo es bueno para el cuerpo y para la mente.

Movimientos del cuerpo durante la meditación

En ocasiones se notan en el cuerpo movimientos o pequeñas contracciones, sobre todo al inicio de la meditación. No debemos intentar amortiguarlos ni tampoco ignorarlos, más bien debemos dejarlos desplegarse y pasar, sin estimularlos. En realidad son ajustes, pequeños pero importantes, de las estructuras de tensiones físicas que pueden estar localizadas en la postura corporal o en los músculos. Se observan este tipo de movimientos principalmente en la cabeza, el cuello, los hombros, la espalda y el estómago, zonas en las que la mayoría experimentamos el estrés y donde se adhieren las experiencias difíciles y preocupaciones.

A veces aparecen movimientos circulares o rítmicos moderados en las mismas áreas del cuerpo, que excepcionalmente pueden darse en otras partes del mismo. En algunas personas estos movimientos pueden ser intensos durante cortos periodos y pueden incluir la respiración. Al no ayudar a los movimientos, ni aumentarlos, y repetir el sonido con actitud mental libre, lo cual implica al mismo tiempo dejar pasar estas manifestaciones corporales espontáneas, la Meditación Acem contribuye a encontrar en la vida un punto de partida nueva más relajado. Estos efectos no duran mucho al principio, pero gradualmente nos influyen de forma más permanente en la manera cómo estamos presentes en nuestro cuerpo.

Dormir durante la meditación

A veces uno se duerme durante la meditación. Por temporadas, nos dormimos durante una parte de cada meditación. El sueño como efecto de la meditación es positivo, por varias razones. Podemos sufrir una falta de sueño acumulado que se activa al meditar, y que se compensa en parte con el sueño que viene al meditar. Otra razón para dormir durante la meditación se relaciona con el proceso, ya que meditar con regularidad produce cambios en las estructuras de tensiones físicas y mentales. Una fase de transición puede conllevar una mayor necesidad de sueño.

En esas circunstancias el sueño contribuye a procesar estructuras significativas del cuerpo y de la mente, por lo que permitir que el sueño suceda crea espacio para cambios importantes. Al principio de los cursos intensivos las meditaciones largas despiertan a menudo la necesidad de dormir más.

Cuando los jóvenes empiezan a practicar la meditación pasan, con frecuencia, un periodo en su vida diaria en el que duermen más que antes. Exactamente igual les puede suceder a personas que han pasado recientemente una crisis vital, o serias dificultades en sus relaciones cercanas, su economía o su trabajo. La necesidad de dormir puede también aumentar cuando estamos convalecientes de una enfermedad grave, una intervención quirúrgica importante o una lesión física. De esta manera la meditación contribuye a mejorar la calidad de vida en situaciones de enfermedad y convalecencia. Esto es particularmente importante en el caso de sufrir una enfermedad crónica o un prolongado proceso de enfermedad. En cualquier caso, ceder a la necesidad de dormir más en la meditación contribuye a una convalecencia más rápida y crea un punto de partida para mejorar el día a día.

Insomnio

Si padecemos insomnio o de un sueño no reparador, a menudo reaccionaremos de forma distinta de la mayoría de la gente que medita por la noche. La meditación reduce el nivel de estrés y de intranquilidad, y por eso permite que se manifieste el cansancio natural. Es frecuente que las personas con problemas de insomnio se duerman mientras meditan, o duerman más fácilmente por la noche si meditan inmediatamente antes de acostarse.

Si tenemos insomnio podemos repetir el sonido estando acostados, pero esto no sustituye a las meditaciones normales de cada día. Mucha gente experimenta que meditar con regularidad es bueno para reducir sus problemas de insomnio. Incluso las personas sin problemas de insomnio dicen que duermen mejor tras haber aprendido a meditar y pueden sentirse más descansadas cuando se despiertan por la mañana. La mayoría, tanto si tiene como si no problemas de insomnio, experimenta que la meditación contribuye a mejorar la calidad de su sueño.

Cuando los acontecimientos de la vida dificultan el sueño, una práctica regular de meditación puede ser una ayuda válida para poder funcionar bien en el día a día aunque se duerma poco. Cuando las condiciones vitales vuelven a la normalidad se aconseja restablecer un patrón de sueño bueno y normal.

Incluso aquellas personas que suelen dormir bien experimentan de vez en cuando alguna noche en la que les resulta difícil dormir. Por ejemplo, nos despertamos en medio de la noche y no nos volvemos a dormir fácilmente, no paramos de dar vueltas en la cama y el sueño no viene.

Si nos sentamos en la cama y meditamos un rato, el sueño puede llegar gradualmente. Cuando esto suceda, simplemente nos tumbamos y nos dormimos.

Depresión ligera, ansiedad o frustración

Cuando nos sentimos abatidos, irritables, estresados o dominados por la ansiedad, podemos percibir la resistencia hacia la meditación. En estas situaciones algunas personas prefieren pensar y hacer cosas completamente distintas de meditar. Pero vale la pena superar esa resistencia porque la meditación ayuda a recuperar más deprisa el equilibrio, a reducir la inquietud y a mejorar el estado de ánimo. La meditación amortigua las tensiones, el estrés y las molestias causadas por las cargas, las obligaciones y los desafíos de la vida, tanto los normales como los inesperados. La meditación puede mitigar la tristeza, la intranquilidad y la frustración consustanciales con las fluctuaciones de la vida diaria.

Sin embargo, cuando la situación es más grave y se está diagnosticado de depresión, ansiedad u otras molestias psicológicas, se debe buscar ayuda profesional. La meditación raramente sustituye el tratamiento médico o psicológico de los trastornos psiquiátricos, aunque en muchos casos contribuye a mejorar la calidad de vida.

La psicosis es un estado de salud mental en el que se pierde la conexión con la realidad; el mundo interior lo domina todo y la comprensión de la realidad se ha vuelto del revés. Las personas en estado de psicosis, recientemente tratadas de psicosis, o evaluadas como que están al borde de la psicosis, no deben empezar a meditar hasta que hayan pasado 2-3 meses después de haberse restablecido. La meditación puede aumentar la flexibilidad interior y la capacidad para manejar ciertos aspectos del mundo interior. Algunas personas con antecedentes de enfermedades de este tipo consideran que la meditación les ha resultado una ayuda importante para obtener mayor estabilidad.

Medicamentos

Algunos medicamentos hacen que la meditación sea más pesada, pero este efecto es bastante menor con los actuales si los comparamos con los medicamentos utilizados hace unas décadas. Siempre que sea posible, es mejor tomar la medicación después de meditar y no antes de meditar.

Alcohol

El alcohol contribuye a que nos relajemos y esa relajación se produce por activación de determinados receptores inhibidores del sistema nervioso (receptores GABA).

Sabemos que en la meditación la relajación tiene lugar por mecanismos completamente diferentes, mediante procesos del sistema nervioso central que resultan más beneficiosos. No se inhiben ni se bloquean impulsos. Sin embargo, bajo la influencia directa del alcohol se trabaja en la dirección contraria a los efectos más profundos de la meditación. Por eso se aconseja, en caso de querer ingerir alguna comida o bebida con alcohol, tomadla después de meditar y no antes.

El alcohol es, en cierto modo, un adversario de la meditación. Al expulsar ciertas emociones y pensamientos fuera de la mente, hace que nos relajemos, pero no activa ningún proceso ni tampoco nos ayuda a trabajar con los temas no resueltos. La Meditación Acem nos aporta relajación, y a la vez contribuye a la elaboración de los temas no resueltos y a un proceso de desarrollo.

Con niños en casa es un reto encontrar el tiempo y el lugar para meditar. Intenta meditar al lado de su cama cuando esté apagada la luz.

La etapa de crianza de niños pequeños

La crianza de niños pequeños puede ser muy estresante y muchos padres tienen problemas para encontrar el tiempo y la ocasión de meditar o de relajarse de alguna otra manera. Muchos han tenido la experiencia satisfactoria de sentarse con sus hijos cuando la luz está apagada, o un poco antes, por la noche. Meditan en la habitación de los niños, o fuera muy cerca con la puerta entreabierta. Los niños suelen aprender pronto que es un tiempo de silencio y tranquilidad y sienten que es bueno y seguro tener un adulto cerca cuando se van a dormir. Tanto los niños como sus padres pueden disfrutar del silencio en esta situación, que puede ser una ocasión donde todos ganan.

Lactancia materna

Las madres que dan de mamar a sus hijos pueden en ocasiones cerrar los ojos y repetir el sonido de meditación en la mente mientras el hijo está mamando. Esto no sustituye la meditación habitual. Un bebé es muy sensible a la experiencia del cuerpo de su madre y, con frecuencia, la tranquilidad física obtenida con la repetición del sonido con actitud mental libre le influirá. Algunas madres han reconocido que el bebé responde rápidamente al uso del sonido cuando está mamando y suele mostrarse o bien más tranquilo o bien que se siente muy bien en los brazos de su madre.

Quién puede aprender a meditar

En principio toda persona adulta puede aprender la Meditación Acem, pero eso no significa que todas deban hacerlo. Cada persona tiene que quererlo por sí misma, no por empeño de su pareja, su empleador o sus amigos.

Nadie debe aprender a meditar solo porque los demás piensen que le vendría bien. Es decisivo que la persona tenga su propia motivación, que tenga interés y la posibilidad de utilizar diariamente algo de tiempo para sentir relajación, más energía, introspección y desarrollo personal mediante la meditación.

A veces surge la pregunta de si los adolescentes o los niños pueden aprender la Meditación Acem. No hay un límite de edad fijo, pero la norma general es que la persona debe haber cumplido 16 años y tener una motivación propia. Hasta los 18 años se puede meditar durante menos tiempo, unos 15-20 minutos dos veces al día, o 30 minutos una vez al día.

Los niños tienen la opción de aprender una técnica simplificada a partir de los 6 años. La norma establecida es que ambos padres deben meditar regularmente si el niño Acem, pero definitivamente ambos progenitores han de estar de acuerdo en que su hijo aprenda, y además el niño tiene que querer aprender. La meditación para niños se hace con los ojos abiertos, o bien sentados tranquilamente o bien de pie en movimiento. Se puede practicar de forma esporádica o diariamente, unos 5-10 minutos cada vez, o bien en momentos diferentes según lo prefieran los pequeños.

Aprender Meditación Acem presupone un sistema nervioso que funciona normalmente. Es recomendable que las personas con enfermedades neurológicas o psicológicas busquen ayuda profesional y no la meditación para reducir sus molestias. No obstante, para algunas personas con este tipo de dificultades, enfermedades o lesiones, la Meditación Acem puede servir de apoyo interior y contribuir a una mejor calidad de vida.

Un autocuidado, no una terapia

Acem no presenta la meditación como un tratamiento para las enfermedades sino como una forma de autocuidado, una actividad preventiva y un soporte vital que ayuda a la gente a manejar mejor los desafíos de la vida.

Considerar la meditación como un tratamiento es en parte un modo de infravalorar aspectos importantes del método.

La Meditación Acem es una herramienta para mejorar la calidad de vida, y compensar el estrés y las prisas; además es fuente de energía y creatividad, un apoyo frente a los desafíos existenciales de la vida, y un camino hacia el autoconocimiento. Como autocuidado, la Meditación Acem es tan preventiva como el ejercicio físico, o limpiarse los dientes y otras formas de higiene. Para algunas personas la Meditación Acem tiene en determinados periodos un claro efecto terapéutico mientras que otras personas con las mismas molestias no obtienen necesariamente los mismos resultados.

El desarrollo que se consigue con la práctica de la Meditación Acem es un proceso abierto. El proceso sigue su propio camino y no va dirigido hacia metas específicas. Las personas con problemas psicológicos serios deben ante todo buscar ayuda profesional. Si un médico, un psicólogo u otro profesional sanitario recomienda la Meditación Acem es otro asunto, puesto que en este caso hay una evaluación profesional tras la recomendación. El Mindfulness principalmente se presenta en ocasiones como un tratamiento, lo que puede dar falsas esperanzas y ser contraproducente pues entonces la meditación no se encuadra en el marco idóneo, es decir, como un método para el esparcimiento, el crecimiento y el desarrollo en la mayoría de las personas.

Recomenzar tras una pausa

Si hemos dejado de meditar durante un periodo largo de tiempo y queremos retomar la práctica podemos contactar con un instructor de Meditación Acem o con el centro Acem más cercano, para concertar una cita de orientación o una conversación acerca de cómo recomenzar la práctica. Algunos centros organizan cursos para retomar la práctica. Para empezar a meditar de nuevo no dependemos de esos cursos ni de esas conversaciones, pero nos ayudarán.

La orientación, antes o poco tiempo después de haber retomado la meditación, hace que el reinicio sea más fácil.

También debemos de ser conscientes de que pueden pasar algunas semanas antes de que experimentemos que la meditación nos proporciona los mismos efectos de antes. Si asistimos a una meditación larga, o participamos en un curso intensivo de un fin de semana o de una semana, la inercia del reinicio se superará más rápido y más fácilmente.